EL GUAYACÁN ROJO

¿Qué es?

Se trata de un proyecto construido por un grupo interdisciplinario, que integra en una sola propuesta  el arte,  la literatura, la psicología y la pedagogía.

 

El Guayacán Rojo está inspirado en la concepción de la paz que tienen los indígenas Huicholes del occidente de México. Según ellos, primero se cultiva la paz al interior, luego la paz con los otros y solo así, de uno en uno, es posible la paz entre las naciones.

 

En este orden de ideas, los contenidos de la exposición apuntan fundamentalmente a cultivar la paz al interior de las personas a través de un recorrido que les permite conectarse consigo mismos.

 

Al hablar de cultura de paz no hablamos de una cultura sin conflictos, sino de aquella con los mecanismos y las herramientas necesarias para que las personas hagan pactos consigo mismos y con los demás, y puedan salir de ellos fortalecidos.

 

Y aunque El Guayacán Rojo nació como una exposición exclusivamente para niños, comprendimos que era relevante y profundo para toda clase de públicos. Desde ese descubrimiento el proyecto se amplió a los jóvenes y los adultos. Así, hemos podido comprobar que los niños viven la exposición desde la infancia, y los demás tienen el privilegio de regresar a ella y de paso, regresar a sí mismos.

 

Es por eso que El Guayacán Rojo puede ser una experiencia valiosa en colegios, entre grupos de maestros, de adolescentes, en las empresas o incluso en grupos de tercera edad.

 

Estamos convencidos de que además de aprender lecciones y técnicas, las personas necesitan espacios donde aprendan a reconocer y expresar sus emociones,  fortalecer su interior y cultivar con los otros la empatía…en pocas palabras: espacios donde aprendan a sentir para encontrarse con sí mismos y con los otros.

 

En un mundo volcado hacia el exterior, pensamos que El Guayacán Rojo puede instalar en las personas preguntas fundamentales  por su interior.

 

Historia

El Guayacán Rojo nació de la intuición que teníamos de que el conflicto armado había dejado muchas heridas abiertas en niños y adolescentes, y que era necesario crear espacios y escenarios que se ocuparan de su bienestar anímico.

 

Luego corroboramos esta intuición con el primer estudio sobre la situación de la población infantil en Colombia en el contexto del conflicto, realizado en 2013 por el Instituto de Bienestar Familiar con la ayuda de la Unicef y la Organización Internacional de Migraciones  (OIM). Según este, de los cuatro tipos de víctimas analizados –desplazados, desvinculados de grupos armados, heridos por minas antipersona y huérfanos–, todos tienen algún tipo de afectación psicológica como problemas de empatía, sentimientos de culpa, baja autoestima, comportamientos agresivos, tristeza, miedo, rabia o ansiedad, entre otros.

 

Para construir la propuesta comenzamos a trabajar con dos libros. El primero fue La Voz de los niños huérfanos, una cartilla para maestros realizada por la psicoanalista Cecilia Muñoz, cuyo objetivo es brindar herramientas para acompañar a los niños  a hacer el duelo de sus padres.  La metodología que propone este libro con los niños consiste en recordarles a través de didácticas (dibujos, fotos, narraciones) al padre muerto, para ayudarles a enfrentar el vacío, y restituir la dimensión real y humana del padre o la madre cuando estos estaban vivos, con miras a que superen comportamientos noscivos como la idolatría, la negación, el deseo de venganza o el deseo de reemplazarlo.

 

El segundo libro fue El Árbol Rojo del ilustrador australiano Shaun Tan (Barbara Fiore editorial). En este libro se narra con imágenes, la historia de una niña que atraviesa muchas adversidades. Ella se siente sola, confundida y perdida en el mundo. Solo al final, tras pasar imágenes hermosas pero de mucha desolación, la niña entra de nuevo a su cuarto (de donde salió) y entonces el texto le sugiere “de pronto ahí está, delante de ti, rebosante de color y vida esperándote…tal como lo imaginaste” En este momento aparece ilustrado un gran Árbol dentro que la hace por fin sonreír.

 

Con estos dos insumos, el teórico y el artístico, y con el acompañamiento pedagógico de la Universidad de los niños de la Universidad Eafit, hicimos en Piñón de Oreja, un trabajo de traducción simbólica: creamos una historia y la escenificamos en una exposición. Para hacerle un guiño al libro de Shaun Tan y a nuestra propia vegetación, decidimos nombrarlo El Guayacán Rojo.

 

Pero cuando estábamos en el proceso, descubrimos que no podíamos dirigirnos solo a niños afectados por el conflicto armado;  muchos niños presentaban otra clase de conflictos y valía la pena entregarles las herramientas para que los pudiera procesar.

 

Por eso en la marcha fuimos construyendo un guión (museológico y pedagógico) mucho más amplio de lo que inicialmente pensamos.

 

Más amplio porque la exposición no se dirige solo a personas afectadas por el conflicto armado, sino a todas las personas con sus pequeños o grandes conflictos.

 

Más amplio, porque bajo esta nueva mirada, no nos centramos solo en los conflictos sino que planteamos un recorrido en clave de paz interior. Así las cosas, un conjunto de contenidos (narrativos y artísticos) desencadenan en las personas una pregunta por su propia vida, con sus luces y sus sombras, es decir, con sus deseos, talentos, vacíos, emociones y también con sus duelos y conflictos abiertos. Y trata de entregarles las herramientas para que hagan cierres simbólicos.

 

Y finalmente más amplio, porque aunque el lenguaje es infantil, la exposición logra efectos potentes sobre todas las personas (jóvenes y adultos) que se conectan con su propio niño y de paso con su propia vida.

 

Estamos muy contentos de este trabajo que tardó dos años construyéndose cuidadosamente antes de dar su primera cosecha. Ahora esperamos  que la historia de este Guayacán Rojo continúe,  que viaje y se esparza por toda Colombia para ayudar a niños, jóvenes, padres, maestros y toda clase de visitantes a resolver asuntos abiertos, a mirar hacia adentro y a partir de allí, seguir adelante, para construir, de uno en uno, una cultura de paz.

 

 

instituciones atendidas

82

 

niños y niñas atendidos

51962

 

de los asistentes

al guayacán rojo

expresan que lo que más

extrañan son los abuelos

16 %
EL GUAYACÁN ROJO
EL GUAYACÁN ROJO